Naturaleza

 

Naturaleza

 

Es imposible no estar en contacto con la naturaleza en San Bartolomé de Tirajana, bien entre barrancos y montañas que ofrecen unas vistas de vértigo o bien en la zona costera de arena rubia y aguas de azul oceánico.

 

La extraordinaria magia del entorno natural proviene de dos elementos que han estado siempre condenados a no entenderse: el agua y el fuego.

 

Océanos y volcanes conviven mágicamente convirtiéndose en una fuente constante de vida.

 

El principal patrimonio con que cuenta este municipio es “la naturaleza”, formada por una diversidad de especies endémicas, animales y vegetales, con poblaciones únicas en el mundo.

 

Pocos lugares del planeta ofrecen unas condiciones tan extraordinarias para la observación del medio físico, biológico e incluso astronómico como el de las Islas Canarias.

 

Destacados son también los enclaves de valor arqueológico y etnográfico que se localizan en esta gran reserva natural que es la Villa de San Bartolomé de Tirajana.

 

Reserva natural especial Dunas de Maspalomas

 

La Reserva Natural Especial de Las Dunas de Maspalomas esta conformada por una amplia extensión de aproximadamente 404 hectáreas, un gran campo de dunas, una charca y un palmeral, constituyen un conjunto de enorme interés paisajístico, geomorfológico, botánico y faunístico, único en el archipiélago Canario

 

Declarado desde 1994 Reserva Natural Especial. Está rodeada por un cinturón vegetal, que sirve de refugio y de lugar de nidificación a la avifauna. Es punto de escala a las aves migratorias hacia el continente africano.

 

Reserva de la Biosfera de Gran Canaria

 

El 29 de junio de 2005 fue declarada por la UNESCO Reserva de la Biosfera de Gran Canaria. Con este apreciado galardón la isla de Gran Canaria se incorpora a la Red Mundial de Reservas de la Biosfera. La Villa de San Bartolomé de Tirajana participa en la misma con una superficie total de 14.824’2 hectáreas.

 

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La singularidad sobrecogedora de sus paisajes, sus excelentes pinares y su rica biodiversidad, con una huella humana que se traduce en un extraordinario patrimonio cultural, tanto por su valor arqueológico como etnográfico.

 

Donde la arquitectura y la agricultura tradicional, surgidas de una íntima simbiosis entre el hombre y su medio, conforman un atractivo mosaico de pequeños asentamientos y cultivos en bancales, convertidos hoy en singular patrimonio para sus pobladores.