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Risco Blanco

Pregón 2015

Nota de Prensa


Los vecinos de Risco Blanco pregonan sus propias fiestas mediante recuerdos de antier

 

Antonio Alemán y Juan Ramos, de 81 y 73 años, dan la bienvenida ofreciendo una

retrospectiva social y etnográfica sobre la vida en el caserío y sus gentes

 

 

La vecindad del pequeño barrio de Risco Blanco, en la Caldera de Las Tirajanas, celebró este fin de semana los principales actos de sus fiestas populares organizadas en honor de Jesús Salvador y la Virgen de las Nieves.

 

El pregón lo ofrecieron los vecinos Antonio Alemán Rodríguez (1934) y Juan Ramos Martín (1942), a modo de entrevista etnográfica guiada por la concejala de Educación, Guarderías y Sanidad, Carmen Pérez Pérez, también descendiente del mismo pago.

 

Como representantes de la historia viva del barrio, ambos vecinos fueron desgranando respuesta a respuesta el antier de este caserío disperso a los pies de Umiaya. Con los recuerdos de sus vivencias tejieron una manta de nociones histórico-sociales que el público expectante y familiar acogió con mucho cariño y diversión viéndose reflejado en ellos.

 

Durante el ‘alegado’ diálogo con los principales anfitriones de la fiesta, Antonio reconoció con su incisivo humor risquero que nació “en el mes de los difuntos”, y que con el burro de su padre fue durante muchos años el taxi de Risco Blanco. Los vecinos lo llamaban a cualquier hora del día y de la noche para que fuera al casco de Tunte en búsqueda del médico Manuel Zenón Araña Yánez, al que despertaba tirándole piedras a la ventana. “¿El burro tiene clavos Antonio?”, le preguntaba el sanitario sabedor de que hasta Risco Blanco sólo se podía llegar entonces por dos reales caminos de herradura: el del Lomo de Vera y el del Almogarén.

 

Los mismos caminos hacía el cura también a lomo de burro para llegar al caserío a decir misa, en una iglesia que los propios vecinos construyeron sobre un solar cedido por ‘El Pichi’. Lo recordó Juan. “Yo y mi hermano Carlos y varios vecinos rellenamos los cimientos”. Su tía Carmen, madrina de la Iglesia el día de la inauguración, ofreció el icono del Santo Jesús Salvador, y el vecino Juan Pérez el de la Virgen de Las Nieves. La bendición corrió a cargo del Obispo al que Antonio fue a buscar con su burro a Rosiana. “El aguacil Juanito ‘el guardia’ hizo la limpia de las tuneras del camino para que en la subida la barriga del Obispo no se rozara”, recordó.

 

Tiempos de piojos

 

Ente sus vivencias, Juan recordó que hizo la primera comunión “en la casa de Carmela, donde hoy vive el alemán, cuando el cura venia tres días a cada pueblo”, y que se confirmó en Tunte, donde su padrino le regaló un paquete de galletas. A Antonio le buscó su padre un padrino de Valsequillo. “Cuando salimos de la iglesia me dio un real, y nunca me dio nada más”, recordó. Su boda la celebró en La Hoja de Arriba. Los vecinos buscaron la leña para las sopas de gallinas. Aprovechó que su mujer Ángeles Herrera Rodríguez debía cobrar en la Caja Nacional 5.000 pesetas por 9 zafras de trabajo, para pasar su luna de miel en Las Palmas, en la casa de un primo.

Juan, que nunca se casó, recordó que las fiestas de risco Blanco se iniciaron “cuando todavía no había llegado la luz al barrio”. Entonces había dos vecinos que prestaban sus motores. “Uno se ponía para el alumbrado, y el otro se usaba para la música. “El primer conjunto que pasó por aquí fue La Estrella del Sur”, dijo. Cuando la luz y el teléfono llegaron al caserío “mi padre decía que era lo más bonito y divino que había traído Dios”, recordó Antonio.

 

Antonio y Juan recordaron también los tiempos de los piojos, las chinches y las pulgas, cuando Fernando ejercía de barbero. “Pelaba a los chiquillos y cuando mirabas pal suelo se veían los pelos caminando”, dijo Antonio, y Juan apuntó que entonces se estilaba sacar al sol las mantas, traperas, colchones e incluso las maderas de las camas, para orearlas y limpiarlas. “Con dos golpes se despertaban las pulgas”.

 

Y evocaron también sus primeras escuelas, y los reglazos que recibían. Con una memoria prodigiosa, Antonio recordó al “maestro gallego Ángel Estévez, que se quedó viudo con dos hijos, una niña y un niño. Cada cosa que hacíamos cada leña que nos daba que nos cagábamos. Aprendí a leer y a escribir, pero una vez me dio una torta que me dejó los cinco dedos clavados porque no supe la regla de multiplicar 7 por 8. Hoy me la sé bien, pero con la mano aquí”, dijo. Juan recordó que tuvo un maestro tocayo llamado Juan “que estaba más loco que una baifa. Un día cogió un cigarrón y lo echó dentro de una caja de fósforos. Él iba delante cantando como un cura y nosotros detrás en procesión, hasta la orilla del barranquillo donde lo fue a enterrar”. Fue a la “escuela del torcío”, mote que recibió de los hijos de Agustín Pérez porque una vez se cayó en La Culta y se dobló una pierna.

 

Y recordaron los dos pregoneros la retahíla interminable de motes con los que están bautizados casi sin excepción todos los vecinos de Risco Blanco, empezando por el propio Antonio, al que conocen por los pseudónimos de ‘Padre Claret’ con el que lo bautizó Francisco Pérez Evaristo debajo de un nogal donde la chiquillería se reunía a contar cuentos, y también como ‘Petróleo’, nombre que le puso Enrique Melián en Rosiana uno de los tantos días que bajaba con el burro de su padre a buscar las provisiones. “En Risco Blanco los sobrenombres o dichetes se aprendían desde pequeñitos, desde que estaban pastoreando las cabras”, comentó Antonio.

 

Procesión, romería y sorteo

 

También el sábado celebraron los vecinos de Risco Blanco la romería y la misa-procesión, oficiada por el párroco de San Bartolomé, Juan Santiago Quintana, a la que asistieron en representación del Ayuntamiento el alcalde Marco Aurelio Pérez y el concejal de Turismo, Ramón Suárez.

 

En la romería participaron cerca de un millar de personas, media decena de parrandas musicales y 5 carrozas conformadas por vecinos del barrio y romeros llegados desde Cercados de Araña y Taidía. Durante el encuentro se celebró una nueva edición del tradicional rito aborigen destinado a invocar un buen año de lluvia y de cosechas, derramando al pié del Risco miel disuelta en leche de cabra ordeñada allí mismo por Antonio Alemán, el pregonero.

 

La velada festiva y musical se prologó hasta cerca de las cuatro de la madrugada, amenizada por los grupos Línea Lanita y Nueva Generación. Durante la verbena la comisión de fiestas celebró también el tradicional sorteo popular con la rifa de dos almuerzos y de un coche patrocinado por el empresario Maximino Ojeda. 

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